Mis puños fervientes por cerrarse de dolor de venganza...
pegados a mi casa a mi estómago a mi cuerpo manchado.
Mandíbulas cerradas, estrechas que hacen rechinar mis dientes, tapan mi oídos e impiden que salga un quejido un llanto...
Con pestañas que rasgan mis pupilas y lágrimas cada vez mas esquivas,
convulsiva, presa, sierva tirada en una cama, en una sala
en mi propio Convento prisionera de mis recuerdos.
Desearía que los roces que me quemaron se convirtieran en cenizas,
no deseo esas pausas, esos lapsus de terror y desesperación... no se mas presa
No quiero mas roces sangrientos, no los quiero no los pedí pero los obtuve...
ojos que vieron bocas que callaron, que ahogaron mi llanto.
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