En la butaca de nuevo la encontré…perdida nuevamente entre sus lágrimas de inocente calibre, su carita a la altura de las rodillas y sus labios que me decían tristeza.
De nuevo me encontré con la niña y la niña se encontró con su carita de pena, con sus manitas perdidas y las venas de su sangre marchitada por los días.
Mis ojos confundidos recorrieron a la niña y sus ofendidos ojos cegaron a lo míos…
Su cuerpecillo tembloroso de aire de preguntas sin respuestas.
Nuevamente me encontré con su malgastada inocencia (con lo que queda de ella) ¿Quién fuera capaz de quitarle el aroma a esa flor? Ajada, maltratada temblaba en la butaca (la de sus lamentos). Sus extremidades rígidas a la defensiva del encuentro, su cara bajita enterrada en su pelo.
Así la deje sentada entre sus aflicción de niña abandonada, allí la deje abutacada olvidada, entre sollozos y su respiración entrecortada, mientras la puerta cerraba el sendero, la evitaban y me alejaron de ella.
Volví al rato contra mi pasos con mis brazos y manos entrelazadas a mi pecho. Me atormentaba el recuerdo de sus pequeños sollozos, me atormentaba no haber hecho algo por la pequeña, me cuestionaba mi anónimo accionar.
Despacito abrí el despacho para no encontrarme con sus ojos fríos, que me reclamaría y a suerte mía la encontré dormida dentro del reconocible sillón.
Me acerque con cuidado para no sacarla de su sueño, no quería ver sufrir de nuevo a esa criatura, no mas…por mi accionar ajeno y mi paralizantes sentimientos. Mi insegura mano alcanzo su cabellera revuelta y aprecie su fría carita, la sentí fría… frió de muerto?…deje que se muriera la pequeña?…la deje con sus gotas saladas que la secaron por dentro y le quebrajaron su encanto de niña alegre y me encontré con una pupilas nuevas viejas por los años llorados y la tristeza sola a cuesta…con la cicatriz del eco de la puerta, la cerré nuevamente abandonando su figura, marcada me paseo errante junto a ojos negros de una niña ajena.
De nuevo me encontré con la niña y la niña se encontró con su carita de pena, con sus manitas perdidas y las venas de su sangre marchitada por los días.
Mis ojos confundidos recorrieron a la niña y sus ofendidos ojos cegaron a lo míos…
Su cuerpecillo tembloroso de aire de preguntas sin respuestas.
Nuevamente me encontré con su malgastada inocencia (con lo que queda de ella) ¿Quién fuera capaz de quitarle el aroma a esa flor? Ajada, maltratada temblaba en la butaca (la de sus lamentos). Sus extremidades rígidas a la defensiva del encuentro, su cara bajita enterrada en su pelo.
Así la deje sentada entre sus aflicción de niña abandonada, allí la deje abutacada olvidada, entre sollozos y su respiración entrecortada, mientras la puerta cerraba el sendero, la evitaban y me alejaron de ella.
Volví al rato contra mi pasos con mis brazos y manos entrelazadas a mi pecho. Me atormentaba el recuerdo de sus pequeños sollozos, me atormentaba no haber hecho algo por la pequeña, me cuestionaba mi anónimo accionar.
Despacito abrí el despacho para no encontrarme con sus ojos fríos, que me reclamaría y a suerte mía la encontré dormida dentro del reconocible sillón.
Me acerque con cuidado para no sacarla de su sueño, no quería ver sufrir de nuevo a esa criatura, no mas…por mi accionar ajeno y mi paralizantes sentimientos. Mi insegura mano alcanzo su cabellera revuelta y aprecie su fría carita, la sentí fría… frió de muerto?…deje que se muriera la pequeña?…la deje con sus gotas saladas que la secaron por dentro y le quebrajaron su encanto de niña alegre y me encontré con una pupilas nuevas viejas por los años llorados y la tristeza sola a cuesta…con la cicatriz del eco de la puerta, la cerré nuevamente abandonando su figura, marcada me paseo errante junto a ojos negros de una niña ajena.
